La cotorra
Se me ha hecho difícil redactar de forma mas frecuente porque cada día se vuelve menos necesario para mi expresarme al menos más allá del diálogo interno que frecuento.
Las reuniones del trabajo requieren una respuesta automática en muchas ocasiones sin mucho análisis o debate. Mis días se resumen en conversaciones que sumarán unas 2 horas de las 24 totales diarias y algún chat de respuesta o petición de algún artículo comprado o de interés.
Solía ser una niña que no paraba de hablar, de preguntar y de describir escenarios imaginativos de historias nunca contadas. Siempre a mis conversaciones seguía una petición de silencio y ya más grande me persiguió hasta el día de hoy la etiqueta de "cotorra".
Durante años mi intenso deseo de saber y aprender me llevo a preguntar, contar o narrar las experiencias personales hasta que la sumatoria de interrupciones y patrones de comportamiento donde ignorar era la regla me llevo a entender que era molesta mi expresión y que mi deseo de aprender tantas cosas era un intento por demostrar mi valor a pesar de no poder presentar un diploma que las acredite.
Hoy en la soledad de mi vida, le tomé el gusto a aprender y leer pero la necesidad de compartirlo disminuye día con día.
Leo sobre la vida porque nunca la viví, busco del amor porque nunca lo he tenido. Aprendo de la vida porque nunca la he entendido. ¿Hablar? Solo conmigo misma, la gran mayoría no quiere escuchar.
Alexa Johnson
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