Derecho de Opinión

 A pesar de ser una persona introvertida y no ser de aquellas a quienes les gusta dar su opinión frente a los demás, creía que todos teníamos el derecho y a veces incluso el deber de compartir nuestra opinión, sin embargo, ahora, tras analizarlo mejor he de corregir mi pensamientos. Tenemos el derecho de dar nuestra opinión mientras se nos solicite hacerlo de lo contrario nuestro "derecho" se convierte en el atropello de un pensamiento ajeno y muchas veces distinto al nuestro. Tratamos de justificar nuestra necesidad de obligar a los demás a coincidir con nosotros o de juzgar como estúpido o irracional el pensamiento de los demás e inclusive, en algunos casos, producto de la una personalidad fuerte, coaccionar al receptor a actuar según nuestro criterio. El problema con eso, además de ser totalmente negativo y manipulador, si intentamos justificarlo bajo una excusa de ayuda, mejora, liberación o apertura de ideas o acciones el cambio, si existiese alguno no sería provecho pues anula y despoja al receptor de su derecho a pensar y decidir por sí mismo.  

Buscar un cambio, si ese es nuestro objetivo, debe venir acompañado de empatía, entendimiento y conocimiento del "big picture", antecedentes e influencias que llevaron a esa particular idea u opinión y razonar con respeto, sin atropellar el derecho de la otra persona a diferir. Razonar implica argumentar basado en hechos demostrables sin embargo, ha de considerarse y jamás omitirse el derecho de validación de los sentimientos del receptor.

Nadie sabe lo que puede o no tolerar, las batallas internas que debe librar ni escoger por los demás las "incomodidades" que alguien elija. Uso comillas porque aquello que Ud. podría considerar una incomodidad o complicación puede ser para alguien más una acción lógica y necesaria para su bienestar emocional o físico.

No hay derecho a opinar a quien no se le pidió su opinión y menos de exigir coincidir con su muy personal forma de entender o gestionar la decisiones de la vida.

Se requiere madurez emocional y empatía para gestionar cambios o al menos realmente respetar a nuestro prójimo. Dejemos de atropellar con la excusa de nuestros derechos o personalidad el pensamiento de los demás.

Alexa Johnson

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